La identidad de marca no es para siempre en su forma exacta. Las empresas evolucionan, los mercados cambian y la comunicación que funcionaba hace cinco años puede no representar lo que la empresa es hoy. Hay señales concretas que indican que puede ser el momento de revisar la identidad: cuando la marca se siente desactualizada visualmente respecto a su mercado, cuando hay incoherencia entre lo que la empresa comunica y lo que realmente hace, cuando el cliente objetivo cambió y la identidad actual no le habla a las personas correctas, o cuando la empresa expandió su oferta y la imagen actual quedó chica para lo que representa.
Renovar la identidad no significa empezar de cero. En la mayoría de los casos, el trabajo es de actualización y coherencia, no de reemplazo total. Hay tres elementos que vale la pena revisar: el visual, que incluye logo, paleta de colores, tipografía y estilo fotográfico; el tono, que es la forma en que la marca habla y se expresa; y el mensaje, que responde a las preguntas básicas de qué hace la empresa, para quién lo hace y qué la diferencia. Lo que debe mantenerse es la esencia: los valores, la historia y lo que hizo que los clientes actuales eligieran esta marca. Una renovación bien hecha actualiza la forma sin perder el fondo.
El proceso de renovación de identidad tiene un orden que importa. Primero, diagnóstico: entender qué funciona, qué no y por qué. Segundo, estrategia: definir hacia dónde va la empresa y qué necesita comunicar para llegar ahí. Tercero, diseño: traducir esa estrategia en una identidad visual y verbal coherente. Cuarto, implementación: aplicar la nueva identidad en todos los canales de forma gradual y consistente. Saltearse pasos, sobre todo los dos primeros, es el error más común y el que genera identidades que se ven bien pero no comunican nada. En Balder trabajamos la identidad de marca como el primer paso de cualquier estrategia de comunicación.
¿Sentís que tu marca necesita una actualización? Empezamos con un diagnóstico.
